¿Se acuerdan de Sócrates?

A menudo damos por sentado que lo «natural» es sinónimo de «inocuo». Que lo que proviene directamente de una planta, sin intermediarios industriales, es inherentemente bueno y seguro. Un estudio reciente sobre el Solanum betaceum (tomate de árbol o tamarillo) en el que participamos muestra un leve riesgo similar.

Romero-Benavides, J. C., Zapata-Tapia, T., Duarte-Casar, R., Rojas-Le-Fort, M., Acosta-Quezada, P., & Bailon-Moscoso, N. (2026). Phytochemical study and genotoxic activity evaluation of polar extracts of Solanum betaceum. Discover Food. https://doi.org/10.1007/s44187-025-00794-9

El estudio consistió en caracterizar extractos de dos variedades de esta fruta andina (naranja y púrpura) y evaluar su potencial genotóxico. Los resultados, publicados en la revista Discover Food, muestran dos cosas. Por un lado, el análisis fitoquímico confirmó lo esperado: la presencia de compuestos bioactivos valiosos como flavonoides, carotenoides y ácidos fenólicos, responsables de gran parte del interés nutricional y antioxidante de esta fruta. Por otro, el ensayo de genotoxicidad reveló algo que requiere estudio. Un extracto hidroetanólico obtenido de las semillas de la variedad púrpura, en una concentración específica, mostró un potencial significativo para dañar el ADN en las condiciones experimentales. Es decir, ese extracto particular indujo un efecto citotóxico no deseado.

Este hallazgo no es una condena al tomate de árbol, una fruta deliciosa y nutritiva cuyo consumo habitual de la pulpa está bien establecido. Más bien, es un matiz crucial. El estudio señala que el efecto depende de la variedad, del órgano de la planta (semilla vs. pulpa vs. cáscara) y del tipo de extracción (el solvente fue etanol-agua).

Hay más para estudiar


Discover Food
Tomate de árbol